A diario estamos consumiendo multitud de productos que utilizados de manera inadecuada pueden convertirse en un auténtico arsenal químico: estos son los contaminantes emergentes y los podemos encontrar en medicamentos, cosméticos, champús…

¿Qué son los contaminantes emergentes?

Son una serie de productos cada vez más abundantes cuyas formulaciones químicas o las interacciones que causan con otras sustancias y/o compuestos, provocan daños sobre el medio ambiente y la salud que no se habían tenido en cuenta hasta ahora. Dada esta situación, la legislación ambiental y sanitaria no los controla, pero gracias a las nuevas investigaciones se empiezan a considerar.

¿Cómo afectan los contaminantes emergentes?

Sus consecuencias pueden ser muy diversas aunque todavía no se conocen todos sus efectos porque están en investigación.

El impacto de ciertos tipos de medicamentos ya se han empezado a percibir en entornos naturales como los estrógenos de las píldoras anticonceptivas provocan la feminización de los machos en diversas especies de peces y anfibios; los antidepresivos reducen las posibilidades de supervivencia de las aves en invierno; y ciertos antiinflamatorios causan lesiones en los pájaros.

Otro ejemplo claro es el de los microplásticos, utilizados en diversos productos, como abrasivos industriales, exfoliantes, cremas faciales, pasta de dientes, champús, geles, productos para bebés, repelentes de insectos, cremas solares, cosméticos, ropa, etc. Los microplásticos están presentes en todos los mares y océanos del planeta y constituyen una amenaza para la salud humana y el medio ambiente por su capacidad de acumular compuestos químicos y toxinas.

¿Cómo combatir los contaminantes emergentes?

La concienciación de los ciudadanos es clave para disminuir la presencia y los efectos de los contaminantes emergentes en el medio ambiente y la salud.

Al igual que ocurre con productos como las toallitas húmedas, no hay que arrojar nada por el retrete que no sea papel higiénico.

En el caso de los medicamentos, además de reducir su consumo para lo imprescindible, se deben depositar en los puntos SIGRE de las farmacias para su correcto tratamiento y reciclaje.

La inversión en investigaciones y sistemas de análisis es otra de las grandes acciones que deberían tenerse en cuenta.

Asimismo, la legislación debería avanzar para establecer controles y límites a estas sustancias, como ya se hace con otras, y que las empresas productoras asuman métodos para reducir, eliminar o sustituirlas.