Recientemente habréis leído o escuchado informaciones sobre la carne artificial y cómo se presenta como una solución a la emergencia climática. Pero ¿es realmente la mejor solución? ¿qué es en realidad la carne artificial? ¿qué efectos tiene en nuestro organismo? ¿es la comida creada en laboratorios una solución al desafío medioambiental?

La llegada de la carne artificial a las estanterías de algunos supermercados y a las cartas de vanguardistas y sofisticados restaurantes es ya un hecho en países como Singapur o Israel. Todo parece indicar que en el futuro la carne artificial convivirá en las estanterías de tiendas y supermercados con la carne tradicional. Pero ¿qué sabemos de este tipo de carne? ¿son ciertos los argumentos que esgrimen sus más firmes defensores?

¿Qué es realmente la carne artificial? ¿Cómo se produce?

La carne sintética es una carne creada en laboratorios a partir de la extracción de células de un animal vivo (vaca, pollo, cerdo) junto con otras sustancias como

  • suero fetal
  • aminoácidos
  • grasa
  • tejido conectivo

que se cultivan en un entorno totalmente artificial hasta convertirlas en hamburguesas, filetes…

¿Es la solución al desafío ambiental?

Como agricultores, ganaderos y productores del sector ecológico, encontramos una gran contradicción entre el argumento de la sostenibilidad y la ética planteado por las compañías elaboradoras de carne artificial. Estas aseguran que respeta el bienestar de los animales, que es más sostenible y ecológica… Pero a la vez se fundamenta en la extracción de células madre y otro tipo de sustancias y tejidos de animales para la fabricación de la misma en un laboratorio. 

Ahora que es una industria minoritaria, elitista e incipiente, su impacto ambiental es mínimo, pero ¿qué pasará si este modelo se convierte en un modelo a gran escala tan extendido como la ganadería industrial intensiva? ¿Se reproducirá este modelo? ¿Seguirá entonces manteniendo su bajo impacto ambiental?   

Así mismo un informe de la Universidad de Oxford de 2019 apuntaba que la producción de carne artificial produce menos gases de efecto invernadero, sí, pero a la larga estos son mucho más nocivos para nuestro planeta. El gas metano producido por la actividad ganadera desaparece al cabo de unos 12 años mientras que el dióxido de carbono puede permanece en la atmósfera durante milenios. 

Desde nuestro punto de vista la verdadera solución consiste en un cambio de modelo, de la ganadería industrial intensiva, a un modelo de ganadería extensiva y ecológica. Este modelo de ganadería sí que ofrece muchas más ventajas cuando hablamos de sostenibilidad y desarrollo sostenible como su papel para preservar ecosistemas de alto valor biológico como las montañas o las dehesas, las razas autóctonas, prevención de incendios, además de contribuir a la fijación de población en entornos rurales, a la economía circular…, tal y como afirma en este artículo, José Antonio Mendizábal, Catedrático de Producción Animal de la Universidad Pública de Navarra

¿Es la carne artificial un alimento seguro?

De momento ni la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ni la FDA estadounidense han dado luz verde a la carne cultivada y todavía existen unas cuantas incógnitas sobre sus efectos en el organismo a largo plazo.

En la comunidad científica internacional se han manifestado ciertas dudas respecto a la inocuidad de este alimento. Manuel Collado, científico especializado en células madre en cáncer y envejecimiento del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, han expresado su preocupación por algunas cuestiones «hay que tener en cuenta que se trata de ingerir tejido vacuno que parte de células vivas pluripotenciales con capacidad tumoral y mantenidas con factores de crecimiento y agentes con capacidades no testadas para su consumo».

Por nuestra parte lo que sí sabemos con certeza es que la carne es una parte importante de la dieta humana y así lo ha sido durante siglos. Presenta proteínas de alto valor biológico, hidratos de carbono, vitaminas, minerales, grasas monoinsaturadas…  Es un alimento seguro y cuyos beneficios para la dieta humana han sido demostraos a lo largo del tiempo. Su consumo ha sido fundamental en el desarrollo del cerebro humano y para nosotros la clave está en qué tipo de carne se consume y en qué cantidad.

Para reducir el impacto de la ganadería industrial en el planeta y mejorar los problemas de salud relacionados con una elevada ingesta de carne y ultraprocesados lo recomendable es eliminar el consumo de alimentos ultraprocesados y carnes baratas. 

Limitar el consumo de carne a 3 ó 4 raciones a la semana, igual que el pescado, y optar siempre por el consumo de carne de calidad, de animales alimentados con recursos locales producidos en el entorno que promueven el desarrollo sostenible, los productos saludables, el bienestar animal y el desarrollo local.

Como aclaramos en este artículo, comer carne y cuidar y respetar el medioambiente es algo totalmente compatible.